APUNTES DEL 19 DE OCTUBRE, PARÍS, FRANCIA
El cielo está nublado y aunque el pronóstico del clima no marca la presencia neblina, todo se ve gris, borroso.

Es lunes y estoy en París. He llegado hoy por la mañana, justo dos días después de una de las manifestaciones más grandes que ha tenido en mucho tiempo. Que irreal se siente estar por acá estos días.
Hace unas horas, en camino al lugar donde nos estamos hospedando, nos tocó ver la ciudad llena de basura, ventanas rotas, montones de objetos quemados y cenizas, muchas cenizas. Mi madre y mi tía tienen miedo de estar acá mientras yo no dejo de pensar en la tristeza y la rabia que me producen estos hechos.
Estas manifestaciones que comenzaron en el sector educativo por parte de profesores y a los que se le sumaron los alumnos, no buscan sino tener condiciones dignas de trabajo y estudio. En las palabras de una chica que conocí acá, los edificios se caen e incluso deben lidiar ratones dentro del aula. Eso sin cortar los recortes de presupuesto que se han hecho para el personal y que, además, continúan seguir haciendo.
A ellos, además, se les sumaron otros sectores que piden salarios más justos (los actuales los orillan a elegir entre vivienda o comida), regulación en la vivienda (¿les suena?), y mayor seguridad.
La primera vez que visité esta ciudad fue hace cuatro años en verano. Todo se sentía diferente, mágico, no sé si porque era una joven de 24 años cumpliendo lo que le vendieron como un sueño de vida o por ser el primer viaje grande que hacía sola.
Pero hoy acá en el aire se respira cansancio, inconformismo, un pueblo al que se lo está comiendo el sistema. Y lo siento tan irreal porque es como estar en casa, en mi México lindo y querido. A la par que pasa esto de este lado del mundo por allá se están dando manifestaciones en Matamoros en contra de la detonación de propulsor de Space X por la contaminaciónque deja en la frontera, a la vez que los agricultores están bloqueando carreteras exigiendo un pago digno a su trabajo sin el que nadie, en ninguna ciudad de todo el país, comería. Mientras tanto, en Guadalajara la gente tiene meses con agua «potable» que más que agua parece desechos tóxicos, ¿y qué ha pasado con ello? La manifestación para exigir agua de calidad que se dio hace unos días terminó con la detención de varias personas por parte de nuestro gobierno (¡qué sorpresa!). Y eso no es todo, en Yucatán la gente se está manifestando contra la privatización del agua que mucho tiene que ver con la participación de empresas israelíes.
Y sigue sin ser todo, porque además nuestro sistema de salud público se nos cae a pedazos: no hay insumos y el personal está cansado de los malos pagos.
Antes de llegar a París estuve por Madrid, justo en el plantón que tienen en la Puerta del Sol por la crisis de la vivienda y los desahucios. Así que estar hoy en París no me produce miedo, me produce rabia, tristeza, coraje. Porque lo que hoy aquí veo es apenas una muestra de lo cansadas que estamos estas generaciones y no solo aquí ni en México, también en Albania, Italia, Argentina, India, Chile…
Se respira la inconformidad aquí y allá, ya no hay magia en las calles de esa que le vendían al turista. Y es que de ¿de dónde se va a sacar esa magia cuando ahora se debe escoger entre tener una casa digna o comida?
Hace no mucho le pregunté a una persona cercana sobre su plan de retiro (puesto que en México ya no existe la pensión) y su respuesta fue «una bala». Por estos días escuché a una persona mayor referirse a los protestantes como «delincuentes de lo peor». ¿Delicuentes? Yo solo veo una generación que de a poco ha ido perdiendo la esperanza en el futuro y se rehúsa a aceptar que la única seguridad que le queda es la muerte.
Estoy en París en un momento histórico, pero en unos días estaré en México para seguir viviendo aquello que es bien parecido a lo que hoy pasa por acá.
